Capítulo 27 - «El Peso de las Decisiones: La Incertidumbre Silenciosa »
El año 2005 se filtró en nuestras vidas como una melodía que nadie solicitó, pero que al final nadie quiso detener. Siete años se habían deslizado, uno tras otro, desde que México se transformó en nuestro hogar improvisado, un lugar donde las palabras adquirieron textura, ondeando en el aire pesado con el sabor del polvo y los matices de una luz que nunca se extingue. Mauri vivía, mientras tanto, en el vasto misterio de su infancia, en ese reino mágico donde las certezas son pequeñas pero inviolables, donde cada nuevo día se abre como un libro recién encuadernado. Las tardes parecían derretirse en su propia lentitud, arrullándonos en una pausa que no era falta de movimiento, sino una forma distinta de eternidad. Las risas, simples pero vastas, llenaban los espacios del tiempo, como si nunca hubieran existido silencios. Éramos habitantes de una existencia suspendida entre lo que fue y lo que nunca será, caminantes de un presente tan frágil como el vuelo de los colibríes, pero tan eterno...