Capítulo 23 «El Jardín de los Tiempos Prestados»
"El vacío compartido" El peor tipo de tristeza es aquella que no necesita explicación, esa que llega sin aviso y se instala sin permiso. No grita ni reclama, pero se siente en cada rincón del cuerpo como un peso invisible. Es un dolor sin palabras, un vacío que ninguna sonrisa llena. Un eco constante que acompaña en el silencio. Esta tristeza no lucha ni se impone, simplemente está ahí, persistente y callada. Su calma melancólica nos obliga a mirar hacia adentro, enfrentando heridas que hemos ignorado. Es un visitante incómodo, pero también un espejo que refleja verdades olvidadas. Pasarán estos días como pasa la brisa que juega entre las cortinas raídas por el tiempo, como las hojas secas que se aferran a las ramas antes de caer. Hojas otoñales caen en un murmullo dorado, marcando el paso del tiempo. Estas primaveras nuestras—las suyas, treinta y cinco; las mías, cincuenta—, llevamos a cuestas el peso de calendarios deshojados en vano. La ciudad, con su aliento de hierro, ll...