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Mostrando entradas de febrero, 2025

23 «El Jardín de los Tiempos Prestados» (36)

CAPÍTULO 23 «El Jardín de los Tiempos Prestados» El peor tipo de tristeza es aquella que no necesita explicación, esa que llega sin aviso y se instala sin permiso. No grita ni reclama, pero se siente en cada rincón del cuerpo como un peso invisible. Es un dolor sin palabras, un vacío que ninguna sonrisa llena. Un eco constante que acompaña en el silencio. Esta tristeza no lucha ni se impone, simplemente está ahí, persistente y callada. Su calma melancólica nos obliga a mirar hacia adentro, enfrentando heridas que hemos ignorado. Es un visitante incómodo, pero también un espejo que refleja verdades olvidadas. Pasarán estos días como pasa la brisa que juega entre las cortinas raídas por el tiempo, como las hojas secas que se aferran a las ramas antes de caer. Hojas otoñales caen en un murmullo dorado, marcando el paso del tiempo. Estas primaveras nuestras —las suyas, treinta y cinco; las mías, cincuenta— llevamos a cuestas el peso de calendarios deshojados en vano. La ciudad, con su alie...

22 «El día en que el tiempo se detuvo» (35)

Capítulo 22 «El día en que el tiempo se detuvo» La boda de Torreón. 3 de octubre de 1998. La ciudad despertó vestida de novia aquella mañana. Las buganvillas trepaban por los postes como testigos impacientes, y el viento —ese viejo tejedor de destinos— hilaba canciones con el rumor de los vestidos de seda. En la iglesia de San José, donde los santos de madera inclinaban sus cabezas en actitud de rezo, las gardenias susurraban secretos que solo los enamorados podían oír. «¿Será este el último día en que nos reconozcamos como dos?», pensé al verla avanzar entre velos de luz dorada. Las campanas no repicaban: cantaban en un lenguaje olvidado, mientras el sol filtraba su bendición a través de los vitrales, pintando promesas efímeras sobre nuestras manos entrelazadas. La ciudad entera respiraba una fragancia de azahar y esperanza; el astro rey, cual Cupido travieso, lanzaba flechas doradas sobre los invitados. Nuestra boda fue más que una ceremonia: un conjuro de amor que resonó en cada...